domingo, 2 de octubre de 2011

Quinta semana en Seattle

La semana comenzó con sorpresa. Contra todo pronóstico no nos volvíamos el viernes 23 a España. Al final, después de algo de incertidumbre la fecha de regreso quedó fijada para el sábado 8 de octubre.
 Con los cambios de fechas no quedaban habitaciones suficientes en el hotel y Íñigo tuvo que irse unos días a otro hotel en el centro de la ciudad.
 
Por lo demás la semana transcurrió según lo habitual. Con muchas horas de trabajo entre semana. El viernes nos invitaron a un evento de la empresa en la que estamos aquí, al que acudimos David y yo.
El fin de semana alquilamos un coche y nos lanzamos a la carretera. Esta vez nos centramos en conocer parte de la naturaleza que rodea Seattle. En el estado de Washington hay todo tipo de paisajes, desde las playas del oceano Pacífico hasta las nieves perpetuas del Monte Rainier a menos de tres horas en coche entre ambos.

sábado, 23 de septiembre

En la empresa de alquiler de coches, Enterprise, no nos pudieron dar el vehículo hasta la una del medodía. Esto nos hizo dudar sobre si podríamos ir hasta el Monte Rainier, como teníamos previsto, pero nos arriesgamos. Comimos antes de esa hora y salimos tan pronto como pudimos. Por desgracia un gran atasco nos retuvo en la autopista de camino al parque.

Cuando por fin, despues de más de tres horas conduciendo, llegamos a Paradise, al sur del volcán, eran las cinco y media. Visitamos rápidamente el centro de visitantes (un centro de interpretación cómo los que hay en España, pero montado con cierto espíritu de parque temático, para ser ameno para todo el mundo) que cerraba a las seis. Despues paseamos durante una hora entre este centro de visitantes y el monte en si. Durante el paseo conocimos a una pareja de Seattle. Nos contaron que el día del 4 de julio vinieron a esquiar al monte y despues bajaron a la playa a ver los fuegos artificiales. Esta gente si que sabe poner los dientes largos...
Después de pasear por el monte, tocar la nieve y ver la flores silvestres volvimos al coche y pusimos rumbo a Seattle. Por el camino paramos a cenar en Puyallup, en un restaurante italiano llamado "The Flying Tomato".

domingo, 24 de septiembre

La primera aventura del día fue repostar. Daba gusto ver como la cantidad de dinero subía despacio mientras oyes la gasolina caer en el tanque. La segunda aventura fue tomar el ferry a Bainbridge para conocer la Peninsula Olímpica. Esta vez con el coche, resultó mas económico y sencillo de lo esperado. Llevar el coche apenas supone 6$ más que viajar en el transbordador sin él.

Una vez en Bainbridge pusimos rumbo a Port Angeles, donde esperábamos poder comer. Por desgracia el pueblo era un desierto. La verdad es que la lluvia no ayudaba, pero el gran centro comercial en las afueras y la falta de atractivo del centro hacían que nadie se acercase al puerto del pueblo, slavo nosotros. Desde la orilla del mar se podía ver Canadá a lo lejos. Lo más interesante de este puerto es que hay transbordadores tanto a Canadá como a las Islas San Juan, famosas por su belleza y por la posibilidad de ver orcas.
Desde Port Angeles nos dirigimos hacia Sol Duc, pero de camino paramos a comer en un bar/tienda de carretera. Aparte de cobrarnos una barbaridad por una hamburguesa que sólo estaba regular pudimos ver souvenirs de Big Foot y de los indios de la zona.
Después de comer no tardamos mucho en llegar al lago Crescent donde paramos a sacar fotos, y de ahí al parque de Sol Duc. En el parque hicimos varias paradas, primero en una zona en la que se podia bajar al nivel del río, donde habia un señor intentando pescar salmones metido hasta las rodillas en el agua. Despues fuímos a las Salmon Cascades, donde pudimos ver como los salmones intentaban remontar el río, encontrandose una y otra vez con un obstáculo, en forma de cascada, que parecía insalvable.
Tras mas de media hora viendo a los salmones golpearse con la cascada y con las rocas continuamos hasta Hot Springs, un sencillo balneario en la montaña. Ahí pedimos consejo para ver que ruta podíamos hacer que durase poco más de una hora. Ya pasaba de las cuatro y quedaban muchas horas de carretera. En el área de información había un aviso de "Peligro, Oso en la zona" (glups). Nos recomendaron acercarnos a Sol Duc Cascades, un paseo de poco mas de media milla a la ida y otro tanto a la vuelta terminado en un puente sobre una cascada. Preguntamos a la chica de información si tendíamos que tomar alguna precaución por el oso y nos dijo que mientras no llevasemos comida encima no nos preocupasemos, pero que tuviésemos cuidado con las cabras. Por lo que pudimos leer cuando volvimos a Seattle el comentario no era gratuito.
El camino transcurre entre arboles de más de 40 metros de alto. Llovía un poco pero no molestaba.
 
Si ampliais esta foto podeis ver a Íñigo y comparar, para haceros una idea de la altura de esos pinos.
Despues de sacar muchas fotos del bosque y de las cascadas nos fuimos de Sol Duc, camino de Forks, la ciudad de Crepúsculo, que tiene un aeropuerto internacional y no más de cinco mil habitantes. Cuando llegamos pasaban de las seis, y como cabe esperar de un pueblo de ese tamaño, un domingo y tan tarde, no había un alma. Lo cual, junto con la lluvia, dicho sea de paso ayudaba a ponerse en situación para una zona llena de vampiros y hombres lobo. Después de pasear una hora por el publo imáginandonos que sitios podian salir en la película para sacarles fotos, ya que ninguno de los tres vimos ninguna de la saga, nos tomamos unas tartas en un bar y volvimos a Seattle.
El viaje de vuelta, que me tocó conducir a mi, transcurrió de noche, con lluvia y, la mitad del tiempo, por carreteras de montaña. Fueron más de 4 horas del tirón, parando sólo a repostar, y pasaron más rápido de lo esperado. Los paisajes, incluso de noche, amenizaban la ruta. Y al fin y al cabo el recorrido de Madrid a Asturias o Galicia lleva más tiempo.

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